Más que sexo III

 

 

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Cuándo por fin nos soltamos de nuestro gran abrazo, de sentir los latidos de nuestros corazones, como si fuera un sólo corazón, de confundir el calor de nuestro  aliento en nuestras bocas, en nuestros cuerpos, sentía el peso de sus brazos rodear mi cintura y mi espalda, sostuve con mis dos manos su rostro, lo besé, lo hice, como hacía mucho que no lo hacía, como hacía mucho que quería, con ganas, con pasión, con lujuria, me moría de de deseos, quería hacerlo, sentirlo mío, tan alto, tan fuerte, tomar el control, un beso húmedo y correspondido, no apto para hipertensos.

Walter no podía ocultar la emoción, ni la reacción de su cuerpo, que pedía que siga, que no pare, me sostenía fuerte, me miraba, me escondía en su pecho, estábamos rodeados de muchas personas, que pasaban, que observaban éstos locos enamorados, que tenían meses que no se veían, que no se tocaban, que no se sentían, no nos importó que nos miraran , el amor no se debe ocultar, cada momento cuenta, cada lugar, cada gesto.

Para sentirlo, hay que vivirlo, se comprende, cuando la persona que amas,  está lejos, cuando quieres demostrarle tu amor, pero no puedes, cuando quieres sentir el calor de su piel, cuando te mueres por darle un beso, por eso, no dudamos en abrazarnos, besarnos, en atesorar, cada instante, pues cada momento es único y no se repite

Sólo hablábamos por chat, fueron unos meses interminables, días eternos, pero ahora nos teníamos, aunque por poco tiempo.

Walter tomó mi equipaje con una mano y con la otra, me sostenía, asegurándose de que no me escapara, ¿ y qué decir?, no tenía ninguna intención de escapar, me recostaba de su hombro, y podía percibir esa fragancia que lo hacía peculiar, no era perfume, era su esencia  de hombre delicado,  excitante por cierto, a su lado me hacía sentir especial.

Recuerdo esa tarde, muy nublada y romántica, el recorrido era un poco extenso, debido a la distancia que teníamos que recorrer.

Mientras Walter conducía, no dejaba de mirarme , trataba de disimular, así es que,  acaricié su rostro, su pecho, me encanta mantener el contacto, sentir el calor de la piel, puse mi mano izquierda sobre su pierna derecha, y lo acariciaba,  le encantaba que le hiciera eso, a mi me gustaba como se ponía, se excitaba, y a mi me excitaba, me acercó con una mano hacia él, sin mucha dificultad, me retiró el cinturón de seguridad, íbamos aprovechando que el tránsito estaba despejado, y nos dábamos uno que otro beso, Yo le correspondía, me miraba, me sonreía, yo estaba bastante agotada por el viaje, pero las ganas de estar con él eran más fuerte, sin reparos, ni tabúes,  con muchas ganas, de continuar, y terminar lo que en el aeropuerto habíamos comenzado.

SLP 

9 comentarios sobre “Más que sexo III

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